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Esas misas, aquéllas en que monjes tonsurados se entregaban a frenéticos ritos, ésas no volverán. Regresando de la iglesia de Santo Domingo, y felices por haber sobrevivido, abrimos nuestro primer regalo: un reluciente camioncito de madera, modelo “T”, con barandas de colores, techo de lata claveteada con primor y ruedas de palo, talladas con esmero por algún artesano. Tanta perfección hacía suponer que el orfebre sabía que su obra iría a despertar los sueños de un niño ávido de ilusiones. Poco tiempo después el camioncito partiría cargado de sueños por los techos, en busca de otros mundos, atravesaría muchas otras navidades y estaciones, ora bajo un sol esplendente, ora bajo la lluvia y las tempestades de una vida que no cesa. A veces regresa en sueños desde la estación de la infancia, pero no termina nunca de llegar. Un día llegará seguramente, para emprender el largo viaje a las estrellas. Eneas Marrull. Fuente: revista Caretas

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