Escribe: Eneas Marrull Fue como ingresar en el túnel del tiempo. Después de tantos años, allí estaban todos, personajes inolvidables, como si la vida no hubiera pasado, como si me estuvieran esperando siempre, para esa magia del abrazo universal que quizá es lo que ocurra después de la muerte. Esta vez nos convocaba Daphne Zileri, su espíritu cálido, el recuerdo de sus grandes ojos y esa afectuosa cordialidad que la distinguió en vida. Daphne se dedicó con pasión y entrega a expresar una sutil visión del mundo que la rodeaba, persiguiendo el misterio de una delicada belleza, casi inasible, que solo se puede percibir en el fantástico instante en que se escapa. Solo el amor pudo activar el resorte de su cámara para capturar esas imágenes tan suyas, en medio del torbellino de nuestra existencia. Por eso la muestra de fotos “El poder sutil del ojo de una mujer”, en la municipalidad de Miraflores, congregó a tanta gente de su entorno. Bajo la cálida iluminación de la sala “Luis Miró Quesada Garland” vimos en primer lugar a Enrique Zileri, quien fue esposo de Daphne, y con quien compartió hasta el final la azarosa vida del periodismo independiente, las iras del poder y las compensaciones de ir caminando con la historia
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